En 1887, la Orden Hermética de la Aurora Dorada animó a sus miembros a crear su propia baraja, tanto conceptual como artísticamente. El Tarot Invisible se inspira en esta práctica, ofreciendo a las mentes más intuitivas y creativas la oportunidad de expresarse con una baraja de 78 cartas en blanco, listas para ser personalizadas. El inconsciente llena los espacios vacíos con símbolos personales, capturando la esencia de los arcanos y creando un vínculo íntimo y secreto entre el autor y la herramienta adivinatoria.